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DIAS ONLINE

15 octubre, 2008

Antropología y gestión holística

Paradigma holográfico: entrevista al antropólogo Roberto Molinari
Antropología y gestión holística: cuando la pintura rupestre afecta al empleado de empresa
"Cada partecita es importante... todos cumplimos un rol, todos somos necesarios" dice Roberto Molinari.
El antropólogo Roberto Molinari, Director de Conservación de Áreas Protegidas de la Administración de Parques Nacionales (APN) y docente de la UBA, aplica la mirada holográfica de la realidad. Plantea la necesidad de la antropología y de toda gestión, sea empresarial o estatal, de dejar de lado la fragmentación y adoptar una visión que incluya a todas las partes.

Por Gaspar Segafredo

Hay dos elementos. Uno vive en la roca, escondido como secreto de un pueblo olvidado en una cueva de Santa Cruz. Hay manchas rojas y de un gris azulado en la superficie rocosa, adentro de ellas hay formas delineadas que resaltan a la vista, son manos, huellas de manos, muchas manos que alguien apoyó sobre esa roca, pintó alrededor, las sacó, se fue… y pasaron siete mil años. Esas improntas de nativos aún están ahí, y cada vez que alguien las mira se genera un puente entre ojos del presente y manos del pasado. Hoy se conocen como pinturas rupestres. Aunque no todos sepan de su existencia. El otro elemento vive en la urbe, escondido –a veces expuesto- en una de las tantas empresas de la metrópolis Buenos Aires. Hay un escritorio frente a él, muchos papeles, y alrededor suyo números económicos y velocidad. Nació en esa misma ciudad, estudió administración y entró en la empresa hace algunos años. Hoy representa un modo de vida. Se conoce como empleado empresarial. Todos saben de su existencia.

Aunque parezca mentira, habría una relación entre las pinturas rupestres y el empleado de empresa. Roberto Molinari lo explica a través de la visión holística de la realidad que aplica diariamente en su gestión de Parques Nacionales, donde integra la cuestión ambiental, cultural, económica, política y otras. Como dicen los escritos del físico David Bohm y el místico Krishnamurti, con los que el antropólogo se cultivó por años, Molinari sostiene que habría interconexiones entre todos los elementos de la realidad, incluso entre los que a simple vista parecieran despegados y lejanos.

-¿Cómo puede un tipo que vive en la ciudad, trabaja en una empresa y nunca se interesó por el arte rupestre, considerar que el arte rupestre es importante, incluso para su vida?
-Si uno empieza a modificar la estructura de pensamiento actual, por un entendimiento que ve en cualquier elemento vivido una relación, descubrirá que todo compone una totalidad de partes. El patrimonio cultural, como una de las porciones que conforman al mundo, es importante para todos. Además, el hombre de ciudad vive en una totalidad urbana y el arte rupestre es parte de una totalidad mayor que incluye a ambos: la provincia y el país en el que vive esa persona.

-Pero, aunque pueda ser fascinante lo que dice, ¿puede plantear una relación tangible, material, económica, entre el hombre de ciudad y el arte rupestre?
-No estamos solos acá en la ciudad. Esta ciudad se abastece de productos de todo el interior, se abastece de una maquinaria económica que implica también una visita a la pintura rupestre por parte de un turista que viene a la Argentina; que va a pasar por Buenos Aires, va a dejar fondos ahí y luego también en la región de la pintura rupestre, esos fondos van a servir para la inversión o para que una persona de esa región viaje a Buenos Aires o compre algo que proviene de Buenos Aires, donde trabaja el hombre de ciudad. Hay todo un sistema de relación. Aquí, cualquier partecita es importante. Cuando hablamos de esta indisociabilidad de las partes de un todo y de la participación, nos oponemos a la perspectiva más común de la selección de lo mejor, lo mejor de cada pueblo, lo mejor de la biodiversidad y lo mejor de la cultura, no creemos en la depuración de un grupo cultural o una especie. Porque desde distintos puntos de vista todos cumplimos un rol, todos somos necesarios. No creemos en la selección como un camino hacia un mejoramiento continuo. Esto también tiene que ver con la estructura de pensamiento occidental positivista que ve la historia como lineal, progresiva hacia lo mejor.

-El mismo ecosistema no habla en realidad de una selección del más fuerte, sino que habla de una cadena: el león se come al ciervo que a su vez come el pasto que crece de la tierra abonada por el cuerpo sin vida del león…
Claro, y fijate cómo desde la biología, antiguamente se clasificaba a los animales como superiores o inferiores, a través de juicios de valor. Habría animales superiores por ser depredadores y otros más débiles. Pero sin los segundos tampoco podrían existir los depredadores. Hay toda una cadena de relaciones que hace posible la vida y la reproducción de la vida en la naturaleza. Esto lo tenemos que conservar, tenemos que mantenerlo, es lo que permite que nos reproduzcamos y que mantengamos la calidad de vida.

-En el día a día, ¿dónde vemos las fallas que podría sanar el paradigma holográfico?
En la incesante fragmentación. El ejemplo lo tenemos a diario en la vida cotidiana. La administración del Estado es una fragmentación. Tenemos por un lado un ministerio que se ocupan de explotar los recursos mineros y otro de ampliar la frontera agrícola, otro que es de conservación, que además de no trabajar en conjunto no tienen leyes afines. Es decir, todos estamos en nuestro propio campo de trabajo independientemente de otros campos de trabajo. No hay una relación intergubernamental, donde podamos nosotros, Parques Nacionales, llegar a un acuerdo con Agricultura por ejemplo. Después, toda la retórica que oímos a diario: usted no puede meterse en este campo porque es un campo político, no puede hablar de eso porque es del campo científico. Es decir, fragmentamos todo y actuamos en consecuencia.

-¿Me puede decir cómo impacta la posición fragmentaria de nuestro pensamiento en otro ámbito, en la cuestión ambiental, por ejemplo?
-Nosotros formamos parte de la tierra, no es que poseemos la tierra. Esto es crucial. Cuando vemos que el mundo está contaminado, y el deterioro ambiental, siempre reflexionamos: ¿qué significado le estamos poniendo a esto que lo tratamos tan mal? Porque en realidad nadie podría destruir lo que está dando la vida, y el mundo que nos rodea, el ambiente, nos da la vida; estamos dentro de él y en armonía con él podemos vivir. Estamos pensándolo como algo separado de nosotros que podemos manipular. ¿Es independiente de nosotros? No. Es algo íntimamente ligado. Nuestra cultura trata de tener todo, de tener incluso el todo, poseerlo desde lo absoluto pero no siendo parte de él, sino poseyéndolo.

-¿En cuanto al patrimonio cultural también somos posesivos?
-Mirá, trabajé cinco años en un proyecto para que los mapuches pudieran “recuperar” un Rewe - madera antropomorfa con significados religiosos, que da nombre a un determinado territorio espiritual de los mapuches- que estaba en el Parque Nacional Lanín. Me acuerdo que mientras trabajábamos en un taller con los mapuches, yo estaba diciendo “bueno la devolución del Rewe…”, y una chica me interrumpió y dijo: “Nosotros no estamos pidiendo que nos devuelvan el Rewe”; entonces pregunté: “¿Para qué estamos acá reunidos?”. Y ahí, me dio una lección: “Nosotros en realidad queremos volver a formar parte de él”. Los mapuches nos mostraron que el Rewe no es solamente la tabla antropomorfa, esa es sólo una parte, como es una parte la ceremonia que se realice. Como el mismo Rewe es parte del Parque Natural que lo contiene. Es decir, el Rewe es mucho más, es como el centro de la vida religiosa, filosófica, política, económica, y ecológica también.

-Le hago una pregunta desde mi pensamiento fragmentario: ¿Cómo me puede mostrar la relación entre lo económico y lo religioso en el Rewe?
-Hay que ver también qué pensamos por economía…qué piensan ellos por economía. Porque actividad económica puede ser la recolección de frutos.

-¿En esa recolección está la religiosidad?
-Claro, porque la naturaleza está animada. Es otra forma de encarar a lo económico, y al mundo todo.

-¿Y qué es lo que nos pasa a los occidentales en la forma de encarar el mundo?
-Bueno, a pesar de ser fragmentarios creo que estamos en las orillas de un cambio, una incorporación de distintas visiones, porque creemos en la biodiversidad y en la biodiversidad cultural como fuente de vida. Todas las partes son imprescindibles para el sistema, como en el sistema más chiquito que es nuestra casa, o el sistema más grande que es el planeta. Estamos transitando un camino inicial, ahora depende de la propagación. Cuando uno lo entiende hace “clic”. En cada actividad, en la docencia, en el trabajo con comunidades, continuamente se trata de reflexionar sobre estos temas: relación entre patrimonio e identidad, la conservación y el desarrollo.

-¿Cómo es eso de identidad, conservación y desarrollo?
-Los países del primer mundo lo reflejan. El desarrollo no es como pensamos, primero económico y luego el resto. Primero es social, en cuanto a comprender la realidad de otra forma, entender que el mundo nos comprende. De esa manera vamos a descubrir nuestra identidad, la conservación del patrimonio sería resultado de esta comprensión y eso a su vez nos permitirá desarrollarnos. Si uno analiza a los países que llamamos “desarrollados”, todos han seguido este camino. El de estar bien seguro acerca de cuál es el lugar que ellos ocupan y qué es lo que tienen.

-Los países desarrollados cuidan mucho de los bienes arqueológicos
Claro, los integran a su cultura. Porque la proyección más profunda del lugar que ocupamos es también nuestra historia, o saber que somos pasajeros en el lugar en que estamos. Ahí, estaríamos desarrollados culturalmente. Esto nos va a permitir dejar de comprar identidad de afuera, al comprar música, formas de comer, formas de vestirse.

-El problema con nuestra identidad argentina es que viene un poco de todos lados
-Totalmente, pero esto le pasa a casi todos los países. No hay una identidad perfectamente homogénea, salvo en la Alemania de Hitler.

-¿Pero cómo se construye una identidad con una diversidad de identidades?
-Hay que construirlo socialmente. Porque hoy si le preguntamos a los mismos argentinos ¿qué es el argentino?, la mayoría de las cosas que lo componen van a estar ausentes. Darles vida a estos elementos no reconocidos, permitirlos, como el pasado indígena, sería un avance hacia la constitución de nuestra verdadera identidad, completa. Por lo general se cree que el argentino es una mezcla entre europeos; como mucho, se llega al mestizaje. Pero ¿qué pasa con los pueblos originarios? Están, y tienen mucho para aportar, son parte de esta tierra, igual que nosotros. Todavía tenemos que trabajar en cuanto a quiénes somos, qué tenemos, y en descubrir todas las partes que se interrelacionan para formar a nuestra identidad argentina.

Un día, tal vez, ese hombre urbano, el empleado de empresa, entre en la cueva de Santa Cruz. Acerque las manos a la roca olvidada. Abra sus palmas, y las apoye en las antiguas huellas de manos indígenas. Manos del presente, de escritorio y teclado, con manos del pasado, de estepa y lanza. El reencuentro de las partes.
Publicación: Diciembre 2005

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